Epidemiología

Adultos

  • En China, el 87% de los casos confirmados tenían entre 30 y 79 años y el 3% tenían 80 años o más. Aproximadamente el 51% de los pacientes eran hombres.[4]

  • En Italia, la mediana de edad y la prevalencia de las comorbilidades fue mayor en comparación con China.[5]

  • En el Reino Unido, la edad media de los pacientes era de 73 años y los varones representaban el 60% de las admisiones en un estudio prospectivo de cohorte de observación de más de 20,000 pacientes hospitalizados.[6]

  • En los EE.UU., los pacientes de edad avanzada (edad ≥65 años) representaron el 31% de todos los casos, el 45% de los ingresos hospitalarios, el 53% de los ingresos en la unidad de cuidados intensivos y el 80% de las muertes, con la mayor incidencia de resultados graves en los pacientes de edad ≥85 años.[7] Los casos en niños, adolescentes y adultos jóvenes aumentaron entre octubre y diciembre de 2020; sin embargo, los ingresos hospitalarios, los ingresos en unidades de cuidados intensivos y las muertes siguen siendo bajas para estos grupos (2.5%, 0.8% y <0.1% respectivamente, según los datos disponibles).[8]

Niños

  • Las evidencias sugieren que los niños son menos susceptibles a la infección que los adultos, con una probabilidad de 0.56 de ser un contacto infectado en comparación con los adultos. Los adolescentes parecen presentar una susceptibilidad similar a los adultos.[9]

  • La edad media de los niños con infección es de 6.5 años.[10] Las tasas de infección en niños y adolescentes varían según la ubicación geográfica:[4][11][12][13][14][15][16]

  • En el Reino Unido, un estudio prospectivo de cohorte de observación encontró que los niños y adultos jóvenes representaban el 0.9% de todos los pacientes hospitalizados en ese momento. La mediana de edad de los niños ingresados en el hospital era de 4.6 años, el 56% eran varones, el 35% tenían menos de 12 meses de edad y el 42% presentaban al menos una comorbilidad. En términos de etnia, el 57% eran personas de raza blanca, el 12% eran del sur de Asia y el 10% eran de raza negra. La edad menor de 1 mes, la edad de 10 a 14 años y la raza negra fueron factores de riesgo para el ingreso en la unidad de cuidados intensivos.[17]

  • En los EE. UU., un estudio de cohortes retrospectivo de más de 135.000 niños descubrió que la edad media de los niños infectados era de 8.8 años y el 53% eran de sexo masculino. En términos de etnia, el 59% eran personas de raza blanca, el 15% de raza negra, el 11% hispanos y el 3% asiáticos. Solo el 4% de los niños dieron positivo en el análisis del coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo grave (SARS-CoV-2) en esta población, y las manifestaciones clínicas fueron típicamente leves.[18]

  • La mayoría de los casos en niños provienen de grupos familiares, o niños que presentan antecedentes de contacto cercano con un paciente infectado. Es infrecuente que los niños sean el caso índice en las agrupaciones de transmisión en el hogar.[19] A diferencia de los adultos, los niños no parecen tener un mayor riesgo de padecer enfermedades graves basado en la edad o el sexo.[20]

Mujeres embarazadas.

  • Un metanálisis de más de 2500 mujeres embarazadas con COVID-19 confirmado encontró que el 73.9% de las mujeres se encontraban en el tercer trimestre; el 50.8% eran de grupos de personas de raza negra, asiáticos o de minorías étnicas; el 38.2% eran obesas; y el 32.5% presentaban comorbilidades crónicas.[21]

  • En el Reino Unido, la incidencia estimada de ingresos hospitalarios con infección confirmada de SARS-CoV-2 en el embarazo es de 4.9 por cada 1000 maternidades. La mayoría de las mujeres estaban en el segundo o tercer trimestre. De estos pacientes, el 41% tenía 35 años o más, el 56% pertenecía a la raza negra u otros grupos étnicos minoritarios, el 69% tenía sobrepeso o era obeso, y el 34% presentaba comorbilidades preexistentes.[22]

  • En Estados Unidos, se han informado 57,786 casos en mujeres embarazadas (hasta el 18 de enero de 2021), con 10,116 hospitalizaciones y 71 muertes.[23] Según un análisis de aproximadamente 400,000 mujeres de 15 a 44 años de edad con enfermedades sintomáticas, las mujeres embarazadas de origen hispano y de raza negra no hispanas parecen verse desproporcionadamente afectadas durante el embarazo.[24]

Profesionales de salud

  • La incidencia de la infección en los profesionales de salud osciló entre el 0% y el 49.6% (por reacción en cadena de la polimerasa), y la prevalencia de la seropositividad del SARS-CoV-2 osciló entre el 1.6% y el 31.6%. Es probable que los amplios rangos de porcentaje estén relacionados con las diferencias en los entornos, las exposiciones, las tasas de transmisión en la comunidad, el estado de los síntomas, el uso de medidas de control de las infecciones y otros factores.[25][26]

  • Una revisión sistemática y un metanálisis de casi 130,000 profesionales de salud estimaron que la seroprevalencia general de los anticuerpos del SARS-CoV-2 era del 8.7%, con una mayor seroprevalencia informada en América del Norte (12.7%) en comparación con Europa (8.5%), África (8.2%) y Asia (4%). Los factores de riesgo para la seropositividad incluían el sexo masculino, la etnia de raza negra, asiática o hispana, trabajar en una unidad COVID-19, trabajar de cara a pacientes y trabajar en servicios de atención sanitaria en primera línea.[27]

  • Aproximadamente, el 14% de los casos informados a la Organización Mundial de la Salud son de profesionales de salud (rango de 2% a 35%).[28]

  • La mayoría de los profesionales de salud con COVID-19 informaron de contacto en el contexto de asistencia sanitaria. En un estudio de más de 9000 casos informados en los profesionales de salud en los EE.UU., el 55% tuvo contacto solo en un contexto de servicios sanitarios, el 27% solo en el hogar, el 13% solo en la comunidad, y el 5% en más de un contexto.[29]

  • Los profesionales de salud más frecuentemente afectados fueron las enfermeras. Solo el 5% de los profesionales de salud desarrollaron enfermedades graves y el 0.5% murieron.[30] La incidencia de enfermedad grave o crítica y la mortalidad en los profesionales de salud fue menor que la incidencia de enfermedad grave o crítica y la mortalidad en todos los pacientes.[31]

  • Según un estudio realizado en Escocia, los profesionales sanitarios que trabajan de cara al paciente presentaban tres veces más probabilidades de ser ingresados en un hospital que los que no trabajan de cara al paciente. En el mismo estudio, los profesionales de salud y los miembros de sus hogares representaron el 17% de los ingresos hospitalarios.[32]

  • El análisis de los datos de ingreso hospitalario de 13 lugares en los EE.UU. encontró que el 6% de los adultos hospitalizados eran trabajadores de la salud, y el 36% de estas personas ocupaban funciones profesionales de enfermería. Alrededor del 90% de los profesionales de salud hospitalizados presentaba al menos una afección subyacente, siendo las más frecuentes, la obesidad, la hipertensión y la diabetes.[33]

Recursos

Factores de riesgo

Las personas que han estado en contacto con un caso probable o confirmado tienen un mayor riesgo de infección.

La Organización Mundial de la Salud define un contacto como una persona que ha sufrido cualquiera de las siguientes exposiciones durante los 2 días anteriores y los 14 días posteriores al inicio de los síntomas de un caso probable o confirmado: contacto en persona con un caso probable o confirmado en un radio de 1 metro (3 pies) y durante al menos 15 minutos; contacto físico directo con un caso probable o confirmado; atención directa a un paciente con COVID-19 probable o confirmado sin utilizar el equipo de protección personal recomendado; u otras situaciones indicadas por las evaluaciones de riesgos locales.[185]

Los Centers for Disease Control and Prevention de los Estados Unidos definen un contacto cercano como alguien que ha estado a menos de 2 metros (6 pies) de una persona infectada durante al menos 15 minutos en un período de 24 horas, comenzando 2 días antes de la aparición de los síntomas (o 2 días antes de las pruebas en pacientes asintomáticos).[186]

Las personas que viven o trabajan en un lugar con alto riesgo de contagio, o que viajan a él, tienen un mayor riesgo de infección.

Las personas que residen o trabajan en una zona de alto riesgo de transmisión (p. ej., entornos residenciales cerrados, entornos humanitarios), las personas que residen o viajan a una zona de transmisión comunitaria y las personas que trabajan en un entorno sanitario (incluidos los centros de salud y los domicilios) en cualquier momento en el plazo de los 14 días anteriores al inicio de los síntomas corren un mayor riesgo de infección.[185]

Las personas de edad avanzada corren un mayor riesgo de contraer infecciones y enfermedades graves.[187]

En el Reino Unido, los datos de un estudio transversal indicaron que las personas de entre 40 y 64 años corren el mayor riesgo de infección, seguidas por los pacientes de 75 años o más, y luego por las personas de entre 65 y 74 años.[188] La mayor tasa de mortalidad se observó en pacientes de 80 años o más.[189]

En los Estados Unidos, los pacientes ≥65 años representaron el 31% de todos los casos, el 45% de los ingresos hospitalarios, el 53% de los ingresos en la unidad de cuidados intensivos y el 80% de las muertes al principio de la pandemia, con la mayor incidencia de resultados graves en los pacientes de ≥85 años.[7]

Si bien la edad es un factor de riesgo independiente, el riesgo en las personas de edad avanzada también está relacionado en parte con la probabilidad de que los adultos de edad avanzada sean más propensos a presentar comorbilidades.

Los hombres presentan un mayor riesgo de infección y enfermedad grave.[187]

En el Reino Unido, los datos de un estudio transversal descubrieron que las probabilidades ajustadas de una prueba positiva eran mayores en los hombres (18.4%), en comparación con las mujeres (13.3%).[188]

La hipótesis es que esto puede deberse a la presencia de andrógenos, a un menor nivel de anticuerpos contra el coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo grave (SARS-CoV-2), en comparación con las mujeres, a que las mujeres presentan una respuesta inmunitaria más fuerte en comparación con los hombres, o a una mayor prevalencia del consumo de alcohol y del tabaquismo; sin embargo, es necesario realizar más estudios.[190]

Las personas que pertenecen a grupos étnicos negros, asiáticos y minoritarios (BAME) presentan un mayor riesgo de infección y enfermedad grave.[191][192]

En el Reino Unido, los datos de un estudio transversal revelaron que los pacientes sudasiáticos y de raza negra tenían 1.93 y 1.47 probabilidades de sospecha de infección, respectivamente.[193] La edad media de los pacientes de las minorías étnicas era significativamente menor que la de los pacientes blancos.[194] Las minorías étnicas del Reino Unido (incluidas las minorías de Asia meridional, Asia oriental, personas de raza negra y otras minorías étnicas) ingresados en el hospital presentaban más probabilidades de ser ingresadas en la unidad de cuidados intensivos y de necesitar ventilación mecánica invasiva, en comparación con los pacientes de raza blanca, a pesar de que la gravedad de la enfermedad era similar en el momento del ingreso y de que eran más jóvenes y presentaban menos comorbilidades.[195]

Los datos ajustados por edad de los Centers for Disease Control and Prevention (a fecha de 16 de enero de 2021) muestran que los hispanos o latinos, los indios americanos no hispanos, los nativos de Alaska y las personas de raza negra no hispanas presentan aproximadamente 3.2, 3.2 y 2.9 veces la tasa de ingresos hospitalarios de las personas de raza blanca no hispanas, respectivamente.[196] Sin embargo, los estudios de cohortes realizados en EE.UU. no han encontrado diferencias en los resultados entre los pacientes de raza negra no hispanos e hispanos, en comparación con los pacientes de raza blanca tras ajustar los factores sociodemográficos (p. ej., edad, sexo, seguro) y las comorbilidades. Estos pacientes pueden tener un mayor riesgo de mortalidad y morbilidad debido a su desproporcionada representación entre los ingresos hospitalarios.[197][198][199]

Las disparidades raciales en los resultados pueden atribuirse en parte a las mayores tasas de comorbilidad de ciertos grupos étnicos.[200]

Las personas que se encuentran en un centro de cuidados de larga duración corren un mayor riesgo de contraer infecciones y enfermedades graves.[120][201]

En el Reino Unido, los residentes de residencias asistenciales representaron aproximadamente un tercio del número total de muertes en Inglaterra y Gales durante la primera ola de la pandemia; otros países informaron una experiencia similar. Esto se debió probablemente a la escasez de equipos de protección individual, a una población vulnerable y a la falta de pruebas.[202] Un estudio realizado en cuatro residencias de ancianos del Reino Unido encontró que el 26% de los residentes murieron en un período de dos meses y que la mortalidad por todas las causas aumentó en un 203% en comparación con años anteriores. Aproximadamente, el 40% de los residentes dieron positivo en la prueba del SARS-CoV-2, y de éstos, el 43% eran asintomáticos y el 18% presentaba síntomas atípicos.[203]

En Estados Unidos, la tasa de mortalidad por todas las causas a los 30 días fue del 21% en un estudio de cohorte de más de 5000 residentes de residencias de ancianos. La edad avanzada, el sexo masculino y el deterioro de la función cognitiva y física se asociaron de forma independiente con la mortalidad.[204]

Las personas con comorbilidades presentan un mayor riesgo de padecer enfermedades graves, y cuantas más comorbilidades, mayor es el riesgo.[205][206]

En el Reino Unido, las comorbilidades más frecuentes que se registraron en un estudio de cohorte de más de 20,000 pacientes hospitalizados fueron la enfermedad cardíaca (31%), la diabetes sin complicaciones (21%), la enfermedad pulmonar crónica no asmática (18%) y la enfermedad renal crónica (16%).[6]

En EE.UU., aproximadamente el 90% de los adultos hospitalizados informaron, al menos, una afección clínica subyacente, siendo las más frecuentes la hipertensión (56%), la obesidad (49%), las enfermedades metabólicas (41%) y las cardiovasculares (33%). Aproximadamente, el 52% de los niños presentaban al menos una enfermedad subyacente, siendo las más frecuentes la obesidad (38%), las enfermedades neurológicas (13%) y el asma (11%).[196] Se calcula que aproximadamente el 56% de los adultos, y el 32% de los adultos jóvenes (de 18 a 25 años), corren el riesgo de padecer una enfermedad grave debido a la presencia de, al menos, una comorbilidad.[207][208]

Las personas con enfermedades cardiovasculares presenta un mayor riesgo de sufrir enfermedades graves.[206]

Las arritmias, la enfermedad de las arterias coronarias y las enfermedades cardiovasculares están significativamente asociadas al ingreso en la unidad de cuidados intensivos. La insuficiencia cardíaca, las arritmias, las enfermedades coronarias y las enfermedades cardiovasculares también se asocian significativamente a un mayor riesgo de mortalidad.[209]

Las personas con factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares (p. ej., hipertensión, diabetes) también presentan un mayor riesgo de sufrir enfermedades graves y mortalidad (véase más adelante).[210]

Las personas con diabetes de tipo 2 presentan un mayor riesgo de padecer enfermedades graves. Las personas con diabetes de tipo 1 o diabetes gestacional pueden presentar un mayor riesgo de padecer una enfermedad grave; sin embargo, las evidencias son limitadas.[206]

La diabetes se asocia a un mayor riesgo de avance de la enfermedad, ingreso en cuidados intensivos, síndrome de dificultad respiratoria aguda, necesidad de ventilación mecánica invasiva y mortalidad.[211][212]

En el Reino Unido, un tercio de todas las muertes de pacientes hospitalizados se produjo en pacientes con diabetes.[213] Un análisis de más de 19,000 pacientes ingresados en la unidad de cuidados intensivos durante toda la primera oleada de la pandemia descubrió que la diabetes de tipo 2 se asocia a un aumento del 20% de la mortalidad en pacientes con enfermedad grave, independientemente de la edad, el sexo, el origen étnico, la obesidad o cualquier otra comorbilidad importante.[214]

Entre los factores de riesgo de un mal pronóstico y una mayor mortalidad en los pacientes con diabetes de tipo 1 o tipo 2 figuran la edad avanzada, el sexo masculino, la etnia distinta de la caucásica, la privación socioeconómica, la insuficiencia renal, los antecedentes de accidente cerebrovascular o insuficiencia cardíaca, los niveles más altos de hemoglobina glicosilada (HbA1c), el índice de masa corporal más elevado, la proteína C-reactiva elevada, la cetoacidosis diabética y el uso de insulina.[215][216][217] Sin embargo, los niveles de HbA1c no se asociaron con la mortalidad en una cohorte estadounidense de gran tamaño muestral de pacientes hospitalizados.[218] Los pacientes con diabetes recién diagnosticada presentan un mayor riesgo de mortalidad por todas las causas en comparación con los pacientes con diabetes conocida, hiperglucemia o glucosa normal.[219] El uso de la metformina se ha asociado con una menor mortalidad.[220]

Es probable que el mal pronóstico de estos pacientes se deba a la naturaleza sindrómica de la diabetes, ya que factores como la hiperglucemia, la edad avanzada y la presencia de comorbilidades (p. ej., obesidad, hipertensión, enfermedades cardiovasculares) contribuyen al aumento del riesgo.[221]

Las personas con obesidad corren un mayor riesgo de sufrir infecciones y enfermedades graves.[222]

Las personas con obesidad (≥30 kg/m²) u obesidad grave (≥40 kg/m²) presentan un mayor riesgo de padecer enfermedad grave. Las personas con sobrepeso (25-30 kg/m²) pueden presentar un mayor riesgo de padecer enfermedad grave; sin embargo, las evidencias son limitadas.[206] Las evidencias sugieren una asociación lineal dosis-respuesta entre el índice de masa corporal y la gravedad de la enfermedad y la mortalidad.[223]

La obesidad se asocia a un mayor riesgo de avance de la enfermedad, ingreso en la unidad de cuidados intensivos, necesidad de ventilación mecánica invasiva, complicaciones (p. ej., tromboembolismo venoso e insuficiencia renal) y mortalidad intrahospitalaria, especialmente entre los pacientes más jóvenes.[222][224][225]

Las personas con enfermedad pulmonar obstructiva crónica EPOC, incluidos el enfisema y la bronquitis crónica, presentan un mayor riesgo de padecer una enfermedad grave.Las personas con asma de moderada a grave, u otras enfermedades pulmonares crónicas (p. ej., fibrosis quística, fibrosis pulmonar idiopática) pueden presentar un mayor riesgo de padecer una enfermedad grave; sin embargo, la evidencia es limitada.[206]

La EPOC se asocia con un riesgo más de 3 veces mayor de enfermedad grave y mortalidad.[226]

Según un metanálisis, el asma no se asocia a un mayor riesgo de enfermedad grave, peor pronóstico o mayor riesgo de intubación o ventilación mecánica. Los pacientes con asma presentaban un menor riesgo de muerte, en comparación con los pacientes no asmáticos.[227]

Las personas con apnea obstructiva del sueño pueden presentar un mayor riesgo de padecer una enfermedad grave, independientemente de la edad, el sexo, el índice de masa corporal y las comorbilidades; sin embargo, las evidencias son limitadas. La apnea obstructiva del sueño no se ha asociado a un mayor riesgo de infección.[228]

No hay datos sobre si las enfermedades respiratorias pediátricas (incluido el asma infantil) son factores de riesgo de infección o de gravedad.[229] No hay evidencias claras de que las personas con asma o EPOC presenten un mayor riesgo de infección.[230][231]

Las personas con enfermedad renal crónica presentan un mayor riesgo de padecer una enfermedad grave y pueden presentar un mayor riesgo de infección.[188][206]

En el Reino Unido, los datos de un estudio transversal descubrieron que las probabilidades ajustadas de una prueba positiva eran mayores en los pacientes con enfermedad renal crónica (32.9%), en comparación con los que no la padecían (14.4%).[188]

La enfermedad renal crónica preexistente es un factor de riesgo independiente para desarrollar una lesión renal aguda como complicación.[232]

Las mujeres embarazadas presentan un mayor riesgo de padecer una enfermedad grave.[206]

Según un análisis de aproximadamente 400,000 mujeres de 15 a 44 años de edad con enfermedad sintomática, las mujeres embarazadas presentaban más probabilidades de ser hospitalizadas, de ser ingresadas en la unidad de cuidados intensivos, de recibir ventilación mecánica invasiva u oxigenación por membrana extracorpórea y de morir, en comparación con las mujeres no embarazadas.[24] El aumento del índice de masa corporal es un factor de riesgo de enfermedad grave en las mujeres embarazadas.[233]

Consulte la sección Complicaciones para obtener más información sobre las complicaciones asociadas al embarazo.

Las personas que son o han sido fumadoras presentan un mayor riesgo de padecer una enfermedad grave.[206]

Los fumadores actuales presentan un mayor riesgo de padecer enfermedades graves o críticas. Los pacientes con cualquier antecedente de tabaquismo presentan un riesgo significativamente mayor de padecer una enfermedad grave o crítica, el avance de la enfermedad, la necesidad de ventilación mecánica y la mortalidad intrahospitalaria.[234] Los fumadores presentan el doble de riesgo de mortalidad que los no fumadores.[235] Esto puede deberse al aumento de la expresión en las vías respiratorias del receptor de la enzima convertidora de angiotensina-2 en los fumadores.[236]

La Organización Mundial de la Salud ha revisado las evidencias disponibles y ha llegado a la conclusión de que el tabaquismo está asociado con una mayor gravedad de las enfermedades y la muerte de los pacientes hospitalizados.[237]

Las personas con cáncer corren un mayor riesgo de sufrir infecciones y enfermedades graves.[206][238]

Es probable que un mayor riesgo de infección se deba a los tratamientos inmunosupresores y/o a las visitas recurrentes al hospital.[238]

Los pacientes con cáncer presentan un 76% más de propensión a contraer enfermedad grave, en comparación con los que no sufren cáncer.[239] También presentan un mayor riesgo de deterioro, de ingreso en la unidad de cuidados intensivos y de mortalidad por todas las causas (especialmente los que padecen enfermedad metastásica, cáncer hematológico o cáncer de pulmón).[240][241] La proporción de las tasas de ingreso en la unidad de cuidados intensivos y las tasas de mortalidad entre los grupos de cáncer y los que no lo son fue de 2.88 y 2.25, respectivamente.[242] El riesgo de mortalidad hospitalaria combinada en pacientes con cáncer es del 14.1%.[243]

Los factores de riesgo de mortalidad son el sexo masculino, la edad avanzada, la presencia de una o más comorbilidades, la hipertensión, la EPOC y la presencia de complicaciones (p. ej., síndrome de dificultad respiratoria aguda, insuficiencia renal aguda). Los pacientes con neoplasias hematológicas presentan un mayor riesgo de mortalidad, en comparación con las personas que padecen tumores sólidos.[244] Si bien la quimioterapia activa o la quimioterapia en los últimos 30 días aumentó el riesgo de muerte, las terapias dirigidas, la inmunoterapia, la cirugía y la radioterapia no parecían aumentar el riesgo de enfermedad grave o de muerte.[245][246]

Es posible que los niños con cáncer no sean más vulnerables a las infecciones, en comparación con los niños sin cáncer. Los datos limitados muestran que la morbilidad general en los pacientes pediátricos con cáncer es baja, con solo un 5% que requiere ingreso hospitalario por los síntomas.[247]

Las personas con un estado de inmunocompromiso debido a un trasplante de órgano sólido presentan un mayor riesgo de padecer una enfermedad grave.[206]

Los receptores de trasplante de órganos sólidos corren un mayor riesgo de ingreso hospitalario, ingreso en la unidad de cuidados intensivos y mortalidad. Sin embargo, el aumento de la tasa de ingresos hospitalarios puede reflejar una estrategia de manejo preferida de una vigilancia más estrecha de los pacientes hospitalizados en lugar de ser un indicador de la gravedad de la enfermedad. La mortalidad general en los receptores de trasplantes de órganos sólidos fue del 20%.[248]

Las tasas de ingreso hospitalario y mortalidad en los receptores de trasplantes de hígado son desproporcionadamente elevadas, en comparación con los pacientes no trasplantados, independientemente de la edad o del tiempo transcurrido tras el trasplante. La edad avanzada y la diabetes son factores de riesgo importantes para la muerte de estos pacientes.[249]

Las personas con síndrome de Down presentan un mayor riesgo de padecer enfermedades graves.[206]

En el Reino Unido, un estudio de cohortes descubrió un riesgo 4 veces mayor de ingreso hospitalario y 10 veces mayor de mortalidad en personas con síndrome de Down.[250] Esto puede deberse posiblemente a la presencia de una disfunción inmunitaria, una cardiopatía congénita y una patología pulmonar.

Las personas con anemia de células falciformes presentan un mayor riesgo de padecer una enfermedad grave. Las personas con talasemia pueden presentar un mayor riesgo de padecer una enfermedad grave; sin embargo, la evidencia es limitada.[206]

En los Estados Unidos, entre 178 pacientes con anemia falciforme (edad media del paciente <40 años), el 69% fueron hospitalizados, el 11% ingresaron en cuidados intensivos y el 7% fallecieron.[251] La infección puede causar un síndrome torácico agudo en pacientes con anemia falciforme.[252][253]

Las personas con hipertensión pueden presentar un mayor riesgo de padecer enfermedades graves; sin embargo, las evidencias son limitadas.[206]

La hipertensión se ha asociado con un aumento de los malos resultados compuestos, incluida la mortalidad, la enfermedad grave, el síndrome de dificultad respiratoria aguda, la necesidad de ingreso hospitalario en la unidad de cuidados intensivos y el avance de la enfermedad.[254] Los pacientes con hipertensión tienen un riesgo 2.98 veces mayor de padecer enfermedades graves y un riesgo 2.88 veces mayor de morir en comparación con los pacientes sin hipertensión.[255]

Inicialmente, existía la preocupación de que las personas a las que se administraba inhibidores de la ECA o antagonistas de los receptores de la angiotensina II pudieran presentar un mayor riesgo de infección o enfermedad grave debido a la regulación al aumento de la expresión del receptor de la ECA2.[256] Sin embargo, las evidencias de alta certeza sugieren que el uso de estos fármacos no está asociado con la enfermedad grave, y no hay ninguna asociación entre el uso de estos medicamentos y un resultado positivo de la prueba del SARS-CoV-2 entre los pacientes sintomáticos.[257][258]

Las personas con enfermedades cerebrovasculares pueden presentar un mayor riesgo de padecer enfermedades graves; sin embargo, la evidencia es limitada.[206]

Los pacientes con una anamnesis de enfermedad cerebrovascular presentan más probabilidades de avanzar hacia resultados adversos, en comparación con los pacientes sin anamnesis de enfermedades cerebrovasculares.[259] Los pacientes con enfermedades cerebrovasculares preexistentes presentan 2.67 veces más probabilidades de presentar malos resultados, incluyendo el ingreso en la unidad de cuidados intensivos, la ventilación mecánica y la mortalidad.[260]

Las personas con demencia pueden presentar un mayor riesgo de sufrir infecciones y enfermedades graves; sin embargo, las evidencias son limitadas.[206][261]

En el Reino Unido, más de un cuarto de las personas que murieron con COVID-19 de marzo a junio de 2020 presentaban demencia. La demencia y la enfermedad de Alzheimer fue la principal afección de salud preexistente más frecuente en las muertes relacionadas con COVID-19 entre marzo y junio de 2020.[262]

Las personas con hepatopatías crónicas, especialmente la cirrosis, pueden presentar un mayor riesgo de padecer enfermedades graves; sin embargo, las evidencias son limitadas.[206]

La hepatopatía crónica se ha asociado a un mayor riesgo de enfermedad grave y mortalidad.[263] La tasa de mortalidad a los 30 días es mayor en los pacientes con cirrosis, siendo las principales causas de muerte las complicaciones respiratorias y el empeoramiento súbito de la función hepática, que conduce a una enfermedad hepática en fase terminal.[264]

Las personas con enfermedad del hígado graso asociada a la disfunción metabólica (enfermedad del hígado graso no alcohólico) presentan un mayor riesgo de padecer una enfermedad grave. La gravedad de la enfermedad se ha asociado a la edad <60 años y a las puntuaciones intermedias o altas de fibrosis-4 (FIB-4).[265][266][267]

Las personas inmunodeprimidas pueden presentar un mayor riesgo de padecer una enfermedad grave; sin embargo, la evidencia es limitada.[206]

Esto incluye a las personas con antecedentes de trasplante de sangre o médula ósea, inmunodeficiencias o uso prolongado de corticosteroides u otros medicamentos inmunosupresores.

La exposición a los glucocorticoides de ≥10 mg/día (prednisolona) se ha asociado con mayores probabilidades de ingreso hospitalario en pacientes con enfermedades reumatológicas.[268] Los pacientes tratados con ciclosporina/tacrolimus también presentaban un mayor riesgo de ingreso hospitalario; sin embargo, no estaba claro si el aumento del riesgo estaba relacionado con el propio fármaco, la enfermedad subyacente por la que se trataba al paciente u otros factores.[269]

Véase tambiénInfección por VIH y Enfermedad autoinmunitaria a continuación.

Los niños con ciertas afecciones subyacentes pueden presentar un mayor riesgo de padecer una enfermedad grave; sin embargo, las evidencias son limitadas.[206]

Estas afecciones incluyen la obesidad, la diabetes, el asma y las enfermedades pulmonares crónicas, la inmunosupresión, la anemia de células falciformes y la enfermedad renal crónica. Los niños también pueden estar en riesgo si son médicamente complejos; presentar trastornos genéticos, neurológicos o metabólicos graves; o tienen una cardiopatía congénita.[206]

Las personas con deficiencia de vitamina D pueden presentar un mayor riesgo de sufrir infecciones y enfermedades graves; sin embargo, las evidencias son limitadas.[270][271]

En estudios observacionales y retrospectivos se ha encontrado una asociación entre la deficiencia de vitamina D y un mayor riesgo de infección.[272][273][274][275][276][277]

Un metanálisis encontró que la deficiencia de vitamina D aumentaba el riesgo de ingreso hospitalario y mortalidad, y que los pacientes con enfermedades graves presentaban más probabilidades de tener deficiencia de vitamina D, en comparación con los pacientes con enfermedad leve.[278]

En un estudio transversal realizado en Irán a 235 pacientes hospitalizados se observó que los pacientes que presentaban suficientes niveles de vitamina D en suero al momento del ingreso, definidos como nivel de 25(OH)D en suero ≥30 nanogramos/mL, presentaban niveles significativamente más bajos de proteína C-reactiva en la sangre y un recuento total de linfocitos en la sangre más alto, en comparación con aquellos con niveles insuficientes de vitamina D, lo que sugiere que los niveles suficientes de vitamina D mejoraron la función inmunológica en estos pacientes. Las enfermedades graves eran menos frecuentes en los pacientes con niveles adecuados de vitamina D, y entre las personas mayores de 40 años que morían aproximadamente el 90% presentaban niveles insuficientes de vitamina D.[279]

Las personas a las que se administran inhibidores de la bomba de protones (IBP) pueden presentar un mayor riesgo de infección y enfermedad grave; sin embargo, las evidencias son limitadas.

Se sabe que los IBP aumentan el riesgo de infecciones debido a la hipoclorhidria. Hay evidencias de una relación dosis-respuesta independiente entre el uso de medicamentos antisecretorios y la positividad del COVID-19. Se observó un aumento significativo de las probabilidades de informar una prueba positiva de COVID-19 entre las personas que tomaban inhibidores de la bomba de protones en comparación con los que no tomaban inhibidores de la bomba de protones. Las personas a las que se administraban antagonistas H2 no presentaban un riesgo elevado.[280]

Los pacientes a los que se administran inhibidores de la bomba de protones (IBP) también pueden presentar un mayor riesgo de infecciones secundarias, resultados clínicos graves y muerte.[281][282] Los usuarios actuales o habituales de IBP presentaban más probabilidades de tener resultados graves en comparación con los que no usaban IBP. Además, los usuarios actuales del IBP presentaban más probabilidades de ser hospitalizados durante más tiempo en comparación con los que no lo eran, aunque esto no era estadísticamente significativo. El uso de IBP en el pasado no está asociado con una mayor susceptibilidad a la infección o con resultados graves.[283]

Las personas con enfermedades autoinmunitarias pueden presentar un mayor riesgo de infección y enfermedad grave; sin embargo, las evidencias son limitadas.[284]

Las enfermedades autoinmunitarias se asocian con un mayor riesgo de infección. Sin embargo, los resultados clínicos no fueron considerablemente peores en comparación con las personas sin enfermedades autoinmunitarias. El uso de corticoesteroides aumentaba el riesgo de infección y de resultados graves, y el uso de fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (DMARD) combinados aumentaba el riesgo de resultados graves. La monoterapia con DMARD, en particular los inhibidores del factor de necrosis tumoral, redujo el riesgo de enfermedades graves y la mortalidad. Otros factores asociados con la enfermedad grave en esta población son la edad avanzada y la presencia de comorbilidades.[284]

En los pacientes con esclerosis múltiple, la discapacidad neurológica, la edad y la obesidad eran factores de riesgo de enfermedad grave.[285]

En los pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal, el riesgo de infección fue comparable al de la población general, y los resultados de los pacientes (ingreso hospitalario, ingreso en la unidad de cuidados intensivos y mortalidad) fueron peores en la colitis ulcerosa y en los pacientes a los que se administraban corticosteroides, tiopurinas, aminosalicilatos o un tratamiento combinado. Los resultados son mejores en los pacientes que reciben fármacos biológicos.[286][287][288]

Las personas que viven con el VIH pueden presentar un mayor riesgo de mortalidad; sin embargo, las evidencias son limitadas.

Todavía no está claro si la infección por VIH influye en la infección y en la evolución de la enfermedad. Un estudio retrospectivo de cohorte encontró que las personas con VIH en el Reino Unido parecen presentar un mayor riesgo de mortalidad.[289] Sin embargo, el mayor estudio de cohorte de pacientes seropositivos con COVID-19 realizado hasta la fecha reveló que, aunque la mortalidad bruta es mayor en los pacientes seropositivos en comparación con los pacientes seronegativos, los análisis de comparación de propensión no revelaron ninguna diferencia en los resultados, lo que demuestra que esta elevada mortalidad se debe a la mayor carga de factores de riesgo de enfermedad grave en los pacientes seropositivos. Los hombres afectados por complicaciones relacionadas con el tratamiento antirretroviral pueden presentar un mayor riesgo de padecer la enfermedad grave.[290] Un estudio de cohorte encontró que los pacientes VIH positivos que recibían tenofovir disoproxil/emtricitabina presentaban un riesgo menor de COVID-19 y el ingreso hospitalario relacionado que aquellos que recibían otros tratamientos antirretrovirales.[291]

La dislipidemia parece estar asociada con un mayor riesgo de enfermedad grave; sin embargo, las evidencias son limitadas.[292][293]

Inicialmente, existía la preocupación de que las personas a las que se administraban estatinas pudieran presentar un mayor riesgo de infección o de enfermedad más grave, ya que se ha demostrado que las estatinas aumentan la expresión de la ECA2 en animales y pueden promover la activación de la vía inflamatoria en el síndrome de dificultad respiratoria aguda.[256] Sin embargo, hasta ahora, los estudios no respaldan esta hipótesis, y algunos estudios han demostrado un efecto protector.[294][295][296][297]

La mortalidad y las complicaciones quirúrgicas son mayores en los pacientes con COVID-19, en comparación con los pacientes sin COVID-19.[298]

Un estudio retrospectivo de 34 pacientes en China que se sometieron a cirugías electivas durante el período de incubación de COVID-19 encontró que todos los pacientes desarrollaron neumonía después de la cirugía. Aproximadamente, el 44% de estos pacientes requirieron ser admitidos en la unidad de cuidados intensivos y el 20% murieron.[299]

Las complicaciones pulmonares postoperatorias se producen en la mitad de los pacientes con infección perioperatoria de SARS-CoV-2, y están asociadas con una mayor mortalidad, en particular en los hombres y los mayores de 70 años.[300]

Las personas del grupo sanguíneo A pueden presentar un mayor riesgo de infección y mortalidad, y las del grupo sanguíneo B pueden presentar un mayor riesgo de infección; sin embargo, las evidencias son limitadas.[301]

No hay evidencia de una asociación entre el grupo sanguíneo AB y el riesgo de infección. El grupo sanguíneo O parece proteger contra la infección. Las personas que son Rh-positivas mostraban más vulnerabilidad a la infección en comparación con las personas Rh-negativas.[301]

Un estudio de la asociación del genoma completo encontró que los pacientes con el grupo sanguíneo A presentan un riesgo 45% mayor de sufrir una insuficiencia respiratoria en comparación con otros grupos sanguíneos. También encontró un efecto protector en el grupo sanguíneo O. Dos loci cromosómicos se asociaron con insuficiencia respiratoria y uno de ellos coincidió con el locus del grupo sanguíneo AB0.[184]

Hay evidencias limitadas de que la disfunción de la microbiota intestinal puede estar implicada en la patogénesis del COVID-19.

Los pacientes parecen tener un agotamiento de comensales beneficiosos (p. ej., Eubacterium ventriosum, Eubacterium rectale Faecalibacterium prausnitzii, Roseburia y Lachnospiraceae taxa) y un sobrecrecimiento de patógenos oportunistas (p. ej., Clostridium hathewayi, Actinomyces viscosus, Bacteroides nordii) durante el ingreso hospitalario.[302][303][304] Las asociaciones entre la composición de la microbiota intestinal, los niveles de citocinas y los marcadores inflamatorios en pacientes con COVID-19 sugieren que el microbioma intestinal está implicado en la gravedad de la enfermedad, posiblemente a través de la modulación de las respuestas inmunitarias del huésped. La disbiosis intestinal tras la resolución de la enfermedad puede contribuir a la persistencia de los síntomas.[305]

Clima y latitud: evidencias limitadas sugieren que las condiciones frías y secas y la mayor latitud pueden aumentar la transmisión, y las condiciones cálidas y húmedas pueden reducir la tasa de infecciones; sin embargo, las evidencias son contradictorias e insuficientes para demostrar esta causalidad.[306][307][308][309][310][311][312]

Contaminación del aire: las evidencias limitadas sugieren una asociación entre la exposición a la contaminación del aire del medio ambiente y el COVID-19; sin embargo, las evidencias no son suficientes para demostrar esta causalidad.[313][314][315][316]

Residencia en zonas urbanas o desfavorecidas: las evidencias limitadas sugieren que las probabilidades ajustadas de una prueba positiva fueron mayores en las personas que viven en zonas urbanas (26.2%), en comparación con las que viven en zonas rurales (5.6%), y en las personas que viven en zonas más desfavorecidas (29.5%), en comparación con las que viven en zonas menos desfavorecidas (7.7%).[188]

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