Anamnesis y exploración física

Factores clave de diagnóstico

Dentro de los factores de riesgo clave se incluyen: tener >65 años, consumo de alcohol moderado/elevado, falta de ejercicio, antecedentes familiares de hipertensión o arteriopatía coronaria, obesidad, síndrome metabólico, diabetes mellitus, hiperuricemia, tener antecedentes familiares de raza negra y padecer apnea obstructiva del sueño.

Manguito aneroide, de mercurio o electrónico. El equipo necesita calibración. Los dispositivos auscultatorios (p. ej., mercurio, aneroide) generalmente no son útiles para la toma de la presión arterial en casa porque los pacientes rara vez dominan la técnica de medición de la presión arterial (PA) necesaria utilizando estos dispositivos.[5] Se sospecha que existe hipertensión de bata blanca cuando el valor de la presión arterial en el consultorio supera el obtenido fuera del entorno clínico. La monitorización de la presión arterial ambulatoria o en casa puede resultar útil en pacientes con sospecha de hipertensión de bata blanca y, en algunas guías de práctica clínica, se recomienda realizarla de forma rutinaria.[49] La presión arterial automatizada en el consultorio es otra opción que se diseñó con el fin de medir la presión arterial con mayor precisión. Se toman varias mediciones mientras el paciente se encuentra solo en una sala tranquila y se calcula la presión arterial.[51] Se sospecha hipertensión enmascarada cuando las mediciones de PA fuera del consultorio exceden las tomadas en el entorno clínico. En adultos con una presión arterial elevada en la consulta (120-129/<80 mmHg), pero que no cumplen los criterios de ACC/AHA para la hipertensión, es razonable hacer un cribado para hipertensión enmascarada durante el día con MAPA o HBPM.[5]

Los cambios vasculares retinianos se ven normalmente en casos de hipertensión de larga duración.

Otros factores de diagnóstico

Es un síntoma de presentación poco frecuente, a menos que la hipertensión sea aguda o aparezca en un contexto de urgencia hipertensiva.

Disminución de la agudeza visual o moscas volantes, papiledema (poco frecuente).

Sugiere una posible insuficiencia cardíaca congestiva o enfermedad de las arterias coronarias. La disnea puede ser un equivalente anginoso, en especial en los casos de diabetes.

Sugiere arteriopatía coronaria.

Indicativo de enfermedad cerebrovascular.

Factores de riesgo

Los datos del Nurses' Health Study muestran que un aumento de 5 kg por encima de lo normal a los 18 años de edad se asocia con un incremento del 60% en el riesgo de desarrollar hipertensión a mediana edad.[35] Un incremento de 4.5 mmHg en la presión arterial se asocia con un aumento de 4.5 kg (10 lb) del peso corporal.[36] Una revisión sistemática encontró que el riesgo de hipertensión aumentaba continuamente al aumentar el índice de masa corporal, la circunferencia de la cintura, el aumento de peso y la relación cintura-cadera y cintura-altura.[37]

Se ha propuesto que el vínculo entre la obesidad y la hipertensión sucede debido al volumen circulatorio incrementado, lo que lleva a un gasto cardíaco incrementado y a una resistencia vascular periférica constantemente elevada.[32]

La obesidad está asociada con el síndrome metabólico, la resistencia a la insulina y la diabetes de tipo 2.

El tratamiento bariátrico de la obesidad de clase III (índice de masa corporal de 40 o más) puede reducir o eliminar los factores de riesgo de la enfermedad cardiovascular y tener un efecto sobre la hipertensión, la diabetes y la dislipidemia.[38][39]

Los pacientes que no tienen un buen estado físico tienen un riesgo relativo 52% mayor de padecer hipertensión en seguimientos a 12 años en comparación con aquellos en buen estado físico.[40]

Se ha demostrado que un consumo crónico de alcohol mayor que 1 copa por día en las mujeres y mayor que 2 copas por día en los hombres se encuentra asociado con un mayor riesgo de presentar presión arterial elevada.[5][42]

La obesidad abdominal se encuentra específicamente asociada con un mayor riesgo de padecer hipertensión, en comparación con la obesidad generalizada.[43]

Se cree que la resistencia a la insulina y la hiperinsulinemia contribuyen al desarrollo de la hipertensión mediante diversos mecanismos inflamatorios.[19]

La hiperglucemia, la hiperinsulinemia y la resistencia a la insulina conducen a padecer lesiones endoteliales y estrés oxidativo y se asocian de forma independiente con el desarrollo de la hipertensión.[44]

La máxima incidencia de hipertensión se ve en personas de raza negra no hispana, en todas las edades.[4]

La incidencia de hipertensión aumenta con la edad en todas las razas y en ambos sexos.[4]

El paciente puede tener antecedentes familiares de hipertensión o factores de riesgo de arteriopatía coronaria.[2]

Se ha demostrado a través de estudios que alrededor del 50% de los pacientes con apnea del sueño padecen hipertensión esencial.[5]

La apnea obstructiva del sueño también se asocia con un mayor riesgo de hipertensión resistente.[45]

Las personas exhiben una tolerancia variada en relación con la ingesta de sodio, y una ingesta reducida de sodio tiene un efecto limitado en la disminución de la presión arterial.[21][22]

Reducción moderada de la presión arterial con la ingesta de entre 4 y 6 porciones de frutas y verduras, junto con un menor consumo de sodio y grasas (plan dietético DASH [Dietary Approaches to Stop Hypertension]).[41]

El riesgo de padecer hipertensión aumenta en un contexto de síndrome metabólico.

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