Enfoque

La diabetes tipo 2 se diagnostica con más frecuencia en pruebas de cribado de rutina. Los factores de riesgo fuertes, que también indican la necesidad de la detección, incluyen: edad avanzada, sobrepeso u obesidad; origen de raza negra, hispana o indígena estadounidense; antecedentes familiares de diabetes tipo 2; antecedentes de diabetes gestacional; presencia de prediabetes; inactividad física; síndrome del ovario poliquístico; hipertensión; dislipidemia o enfermedad cardiovascular comprobada.[2] Los pacientes sintomáticos pueden presentarse con: fatiga; poliuria, polidipsia, polifagia o pérdida de peso (generalmente cuando la hiperglucemia es más grave [p. ej., >16.6 mmol/L, >300 mg/dL]); visión borrosa; parestesias; pérdida de peso involuntaria; nicturia; infecciones en la piel (bacterianas o por Cándida); infecciones urinarias o acantosis pigmentaria. com.bmj.content.model.Caption@7183dd0f[Figure caption and citation for the preceding image starts]: Acantosis pigmentaria que afecta la axilaFotografía utilizada con permiso de la colección del Dr. Melvin Chiu [Citation ends].

Diagnóstico

Se puede usar una de 4 pruebas para establecer de forma firme el diagnóstico de diabetes:[2]

  • Glucosa plasmática en ayunas (GPA) >6.9 mmol/L (>125 mg/dL)

  • Glucosa plasmática aleatoria ≥11.1 mmol/L (≥200 mg/dL) con síntomas de diabetes como poliuria, polidipsia, fatiga o pérdida de peso

  • glucosa poscarga de 2 horas ≥11.1 mmol/L (≥200 mg/dL) en una prueba de tolerancia oral a la glucosa con 75 g

  • HbA1c ≥48 mmol/mol (≥6.5%).

Todos ellos requieren confirmación con una segunda prueba, que puede ser la misma prueba o una prueba diferente. Esto significa que una única muestra de sangre es suficiente para establecer un diagnóstico de diabetes si los ensayos de glucosa plasmática en ayunas y de HbA1c cumplen los criterios para el diagnóstico de diabetes.[2] Es posible que se produzca cierta variabilidad en los resultados de HbA1c como consecuencia de factores como un mayor recambio de eritrocitos (p. ej., anemia de las células falciformes), factores relacionados con la ascendencia[43] o variaciones en los análisis clínicos.

A algunas personas no se las puede clasificar claramente de padecer diabetes de tipo 1 o de tipo 2 en el momento del diagnóstico.[2] Sin embargo, en el momento del diagnóstico inicial de diabetes, es importante determinar si se requiere un tratamiento inmediato con insulina. La diabetes de tipo 1 puede ocurrir a cualquier edad, pero generalmente se diagnostica a una edad más temprana (<35 años de edad) en pacientes más delgados y es de inicio más rápido y muchas veces presenta síntomas más graves. Alrededor de un tercio de los pacientes con diabetes de tipo 1 recién diagnosticada se presentan con cetoacidosis diabética (CAD).[44] Sin embargo, la CAD también puede producirse en la diabetes de tipo 2, particularmente si hay una infección subyacente.[45][46] Se deben comprobar las cetonas en orina si los pacientes presentan síntomas de hiperglucemia (poliuria, polidipsia, debilidad) y hipovolemia (membranas mucosas secas, turgencia cutánea deficiente, taquicardia, hipotensión y, en casos graves, shock) en el momento del diagnóstico o durante todo la evolución de la enfermedad.

El péptido C se produce en cantidades iguales a las de la insulina y es la mejor medida de la secreción de insulina endógena en pacientes con diabetes. No hay necesidad para pruebas rutinarias del péptido C para el diagnóstico de la diabetes, pero la medición del péptido C puede ser útil para diferenciar la diabetes de tipo 1 y tipo 2.[47] La prueba de péptido C mejor evidenciada es la prueba de estimulación del glucagón (GST), pero se ha demostrado que el péptido C aleatorio (sin ayunar) en la sangre se correlaciona con el péptido C en ayunas y con muestras post-GST en sujetos con diabetes de tipo 1 o tipo 2 bien definidas.[48] El desarrollo de una deficiencia absoluta de insulina es una característica clave de la diabetes de tipo 1, que produce niveles bajos (<0.2 nanomol/L) o no detectables de péptido C en plasma.[2][47] Un nivel de GST o de péptido C 'aleatorio' en sangre sin ayuno >1 nanomol/L sugiere la presencia de diabetes de tipo 2.[47] Los resultados del péptido C deben interpretarse en el contexto clínico de la duración de la enfermedad, las comorbilidades y los antecedentes familiares.[48]

Evaluación de la enfermedad y los riegos de complicaciones macrovasculares o microvasculares

Se deben evaluar la presión arterial, el estado de tabaquismo y los niveles de lípidos en ayunas. También se indica la excreción basal de albúmina en orina y la creatinina sérica con tasa de filtración glomerular estimada (TFG estimada), ya que pueden estar presentes signos de enfermedad renal crónica en el momento del diagnóstico.[2] La evaluación clínica de la circulación cardíaca, carotídea y periférica, con ECG y prueba diagnóstica vascular (por ejemplo, un índice tobillo-brazo) puede considerarse en el momento del diagnóstico.[2][41] Un examen de los pies, incluida la evaluación de los reflejos en los tobillos, los pulsos, la sensibilidad vibratoria y la sensibilidad táctil con monofilamentos, así como un examen de la retina con pupilas dilatadas, deben formar parte de la evaluación.[2] La HbA1c, los niveles de lípidos, la presión arterial, la eliminación de albúmina en orina, la función renal y la exploración física también se monitorizan a intervalos periódicos.

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